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martes, mayo 02, 2006

Ante la propuesta programática encuentro CONFECH



El CONFECH ha emitido en estos últimos días su propuesta política programática para el año 2006, la cual se ha divido en:
Financiamiento.
Democratización.
Acceso.
Calidad.

Estos 4 ejes temáticos han sido abordados con las mismas características que desarrollaron el año 2005 y llevaron a la consolidación del proyecto de financiamiento de la educación superior, luego de la Mesa CONFECH que terminó por consagrar el sistema de financiamiento imperante, legitimando sus morosidad y levantando “su gestión” como el mayor éxito del movimiento estudiantil en años[1].

Las propuestas no bifurcan mucho de la política central ministerial (¿por qué será?) y se abocan principalmente a lisonjas y limosnas, en donde el “profundizar el acuerdo Confech-Mineduc parece ser una de las “puntas de lanza” de todo el espectro reformista que hoy llama a los estudiantes a hacerse parte de su política y a convertirse en objetos e instrumentos de presión ante sus demandas superficiales ¿La histórica demanda del arancel diferenciado? ¿Por qué no la histórica demanda de educación gratuita? ¿Cuál es la trampa, y a quién ocultamos el poder de la II Reforma Universitaria? Es claro que quienes se integren a éste proceso sólo se convertirán en la cofradía consagrante de una política que no busca desenmascarar hasta el final la crisis estructural que vive la educación superior en nuestro país, sino que busca las artimañas políticas necesarias para concentrar al estudiantado en luchas fútiles que sólo tienen por fin evitar que el movimiento estudiantil se desborde, según los parámetros de “orden” de las autoridades y cuestione la estructura mercantil y antidemocrática de la Universidad.

La Confech plantea, “estatutos democráticos para todas las universidades, de manera análoga a la experiencia de la Universidad de Chile”. Ahora la pregunta ¿Qué tienen de democráticos esos estatutos? Los famosos estatutos de la Universidad de Chile se ponen como “caballito de batalla” de la Confech, como el gran hito en la democratización de la Universidad a través de la “conquista” del Senado Universitario, pero ante ésta amalgama de coronas de laureles cabe preguntarse acerca del mismo carácter de estos y la real participación que tiene el estudiantado en la organización universitaria a través de ellos, ya que por ellos, supuestamente, debiésemos luchar tenazmente como política nacional.

En las atribuciones del Senado Universitario, no existe en ninguna parte explicito un poder de veto efectivo de parte del Senado Universitario en relación de las atribuciones del Rector o del Concejo Universitario. Y no sólo que no hay poder de veto. No hay poder alguno de decisión. A lo más, de opinión- con todas las condiciones para que no sea tomada en cuenta, ya que finalmente, en nada incide en al decisión final que se adopte ante cualquier problema de importancia.
En otras palabras, el Senado Universitario no puede interferir en los poderes de la Rectoría ni del Concejo Universitario. Las facultades del Senado Universitario no tienen más que un valor nominal y se reducen, en lo fundamental, a su capacidad de convocar a encuentros y consultas sobre diversos temas, requerir información a las autoridades universitarias y, como mucho, a la ratificación de los decretos y medidas del Rector en una serie de temas (todo lo cual está explicitado en el artículo nº 22), mientras que su composición es de 2/3 del estamento académico.

¿Qué tenemos entonces?...Que los representantes estudiantiles y de los funcionarios están, en el senado universitario, en una absoluta minoría y que, siendo ambos estamentos menos del 1/3, no pueden llamar a ninguna instancia resolutiva real. Ni siquiera la representación estudiantil y funcionaria puede llamar, por ella misma, a consultas o referéndum universitarios (ya que para poder si quiera plantearlas en el Senado Universitario se requiere 1/3 de la representación total y para ser votadas 2/3 del total) [2].

Dentro de la lógica de la democratización real no está considerada la distribución porcentual de los votos, sino una democracia directa, la cual pretenden soslayar, desviando la discusión iniciada en algunas universidades del país, para las cuales el senado universitario es, a todas luces, una reforma cosmética, que aparece en un lugar y momento de tensión y que pretende “cambiar algo para que nada cambie”. Al ser presentada pro las direcciones oficiales del movimiento estudiantil como un paso importante en la democratización de nuestra Universidad, la convierten en una trampa para engañar a los estudiantes. Porque, en lo fundamental, respetan y aceptan los estrechos marcos impuestos por la Ley LOCE[3].

Dentro de su continuo “deambular por los pasillos ministeriales” resuenan propuestas que parecen ser ecos de los suspiros del Mineduc, por ejemplo, el cambio en los mecanismos de apelación, sumando la cesantía ¿es acaso esta una medida que involucre movilizar a todo el movimiento estudiantil de Chile o es algo que puede ser solucionado en 4 paredes con el ministerio que se lo saben de memoria? Pero lo más curioso, es que nadie sabe de donde salen estas “banderas de lucha”. Como es que el reformismo se encarga de poner primero en la mesa su proyecto político, pidiéndole al resto del mundo político que los acompañe en su cruzada reaccionaria y que sólo servirá para acallar verdaderos brotes de maduración estudiantil.

Continuando con la lógica muestran una propuesta de acceso a la educación superior (“ante una educación básica y media desigual, los mecanismos también deben ser desiguales”) la cual consta de un proyecto de “acercamiento político” con los estudiantes secundarios y el colegio de profesores. Pero ¿Por qué tienen que utilizarse consignas tan precarias para sumar a estos sectores? ¿por qué no sumarlos en un proyecto de ingreso irrestricto a la educación superior en nuestro país? Porque las direcciones políticas de la CONFECH están pensando en una manipulación sutil de estos sectores. Una manipulación que sea reseñada por consignas andrajosas y que no involucren cuotas de transformación de la educación de clases que hoy soporta esta sociedad de clases, sino una calculada tribuna política. Así es el juego de la política universitaria de la concertación, la derecha y del reformismo de la izquierda chilena: un vil juego electoral con miras a las elecciones parlamentarias, municipales, etc, y esto en sí es criticable, pero además debe agregarse que se lo hace con una política colaboracionista de clases y con la normativa de la democracia burguesa.

Agregan a esta interesante propuesta el tema de la calidad, mapeando “el estado actual de la acreditación” y participando “en el proyecto institucional”. Esto tiene como fin un norte: legitimar la acreditación y por lo tanto legitimar el rol regulativo del estado. Aunque en esta parte parece que llegásemos a coincidir en lo que respecta a “el abandono del compromiso del Estado hace que tenga efectos perversos en algunas universidades del Consejo de Rectores” nosotros afirmamos rápidamente que el proceso se vive en todas, ya que la ley de acreditación implica un proceso objetivo de regulación que legitima una manera de proceder del estado en materia de educación superior y que acompaña la regulación de mercancías en el mercado educativo.

El llamado de los perros
Los dirigentes concertacionistas y los reformistas del Podemos a movilizarse el día 27 de abril, ha generar un “hecho político masivo” como un “largo proceso de acumulación de fuerzas” ¿qué significa esto? ¿A qué nos conducen estos nuevos “líderes” de la juventud chilena?

Luego de detallar los principales puntos de su convocatoria, y lo que hoy huele a un llamado de la selva estéril, debemos afirmar que los estudiantes, que luchan por la II Reforma Universitaria en nuestro país no deben sumarse a un llamado que lo único que implica es objetos de presión para acomodar su lustroso trasero en el sillón del poder ministerial de educación un año más, sentándose a dialogar con famosas mesas de negociación que no resuelven anda y sólo debilitan cada vez más las fuerzas del movimiento estudiantil. .

NO es una acción política convincente para el movimiento estudiantil un llamado de estas características, ya que pretende desenfocar las demandas que se vienen levantando a través de distintos CCAA y estudiantes a lo largo de Chile, para encaminarlos a un proceso desgastador y que no involucra un cuestionamiento serio a las bases de éste sistema universitario y a la educación superior en su conjunto.

El llamado real es a convocara asambleas, llamar a claustros estudiantiles, integrar a los demás estamentos en las discusiones de democratización y rol del estado en al educación, el cuestionar la enseñanza de clases, comenzar un proceso de cuestionamiento de las estructuras organizativa de las universidades, su composición de clases, etc. El llamado es a organizarse e informarse para crear una universidad y una educación Pública, Estatal y Gratuita al servicio de los trabajadores y del pueblo pobre.

[1] “Se trata de un vuelco categórico en cuanto a las políticas públicas aplicadas a la Educación Superior. Atrás quedan los intentos por privatizar el sistema de ayudas estudiantiles. Por primera vez en 25 años es la educación pública la que se fortalece”, decía Felipe Melo, Presidente de la FECH.
[2] “debemos considerar que en tanto los estudiantes y funcionarios son una ínfima minoría en el mismo senado universitario (presidido por el rector y demás castas académicas), teniendo en cuenta que ni siquiera juntando la representación estudiantil y funcionaria suman siquiera 1/3 de la representación del Senado Universitario de conjunto, es casi imposible que los representantes y funcionarios puedan llegar ni con voto ni con voz al organismo colegiado resolutivo al que, en algunos temas, podría resolver en contra de las decisiones del rector y el concejo universitario”. Universidad de Chile: El proyecto de reforma del estatuto orgánico y el senado universitario. Miguel. Revista Armas de la Crítica Nº 7
[3] Ibíd..

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