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jueves, septiembre 14, 2006

La Lucha secundaria: una experiencia de la cual sacar enseñanzas.


Si de las últimas movilizaciones estudiantiles no sólo han venido a llenar un espacio en el cuestionamiento de la crisis que vive la educación, y en donde la concertación a optado por un modelo clasista y desigual que muestra una escandalosa realidad donde la patronal y sus colegios privados y subvencionados presentan grandes diferencias frente a la precaria situación de la educación municipalizada, sino que también han llegado a cuestionar una ley constitucional como la ley LOCE, en donde los mecanismos de reformulación y derogación presentan alternativas y profundizaciones de la contradicción del conjunto de “leyes de amarre” y los mecanismos que pretenden otorgar “estabilidad” reaccionaria al país.

Una lucha de carácter nacional

El movimiento estudiantil de los secundarios no se dio en un contexto aislado, sino que procede de años de reivindicaciones de los universitarios, y en los meses previos, lo habían hecho los trabajadores subcontratistas de Codelco, instalando otra demanda nacional, el trabajo precario, que está entre las causas de tantos padecimientos. El motor inmediato de una y otra de estas luchas, fue el aumento de los precios del cobre, los mineros exigiendo bonos acordes, los estudiantes, con su consigna “el cobre por el cielo, la educación por el suelo” llamando a establecer un nuevo rol del estado frente a la educación y el bienestar de la población, más allá de los intereses de la clases dominantes y la privatizaciones neoliberales.

La movilización involucró directamente la participación de los partidos políticos, pero evolucionando de acuerdo a procesos en donde el carácter gremial de las primeras consignas que movilizaron a gran parte de los secundarios (PSU gratuita, el tema de la JEC, el pase escolar, etc.) hacia un movimiento social abiertamente dado el carácter de la consigna “NO a la LOCE”, la cual involucraba directa o indirectamente a varios sectores, organizaciones sociales de la clase trabajadora y el pueblo pobre.

Frente a esta presión, y a esta consigna se sumaron los partidos políticos, pero para asumir una orgánica que se basaba en los métodos de la democracia directa, generando espacios de coordinación y resolución guiados por la horizontalidad, en donde se gestó una dinámica de organización al interior del movimiento estudiantil que reconocía en estos métodos la representación directa, esto con el mayor control de la asamblea sobre sus voceros y las decisiones políticas. En este ambiente la participación de los partidos políticos obedeció a llevar a cabo una política “anti-partido”, en donde la misma derecha, que se dedicó a golpear al gobierno, se vio obligada a sumarse estratégicamente a la movilización, aunque fueron ellos desde la dictadura quienes instauraron el negocio de la educación y están entre sus principales beneficiaros. Mientras que la concertación ha sufrido un revés de conjunto en donde las mismas encuestas asoman una baja en la popularidad de la presidenta: tanto el gobierno de Bachelet, como la derecha, bajaron en sus preferencias: bajó en 7% el Gobierno (de 62,1% a 54,5%) y en 5% la derecha (de 36,6% a 31,6%).

La lucha de carácter nacional no se dio solamente de acuerdo a la organización que los mismos estudiantes mostraron a través de las Asambleas y Consejos de estudiantes, como la ANES (Asamblea Nacional de estudiantes), o la que se organizó en la región, el Consejo regional de Estudiantes (CRE), sino que también al bombardeo comunicativo que los medios de prensa llevaron a cabo, tanto para destacar el carácter de la movilización, como para censurarla luego de las ordenes patronales de los dueños de los medios de comunicación en el país. Este fenómeno ayudó tanto a demonizar la movilización como a la vez masificar su alcance y sus objetivos en forma deformada y desfigurada, pero también a observar las perspectivas de la clase burguesa con respecto a la movilización de acuerdo a su desarrollo: un momento la “apadrina” para atacar al gobierno, y en otra la “recrimina” cuando sabe que puede llevar a una coordinación entre la clase proletaria del país.

El gobierno a mostrado una serie de indefiniciones, en donde distintos sectores comienzan a presionar desde el ala derecha de la concertación (DC) en contra de políticas de “izquierda” como las llevadas a cabo por senadores como Navarro en el caso mapuche, y la postura Bachelet en el caso de seguridad de la ONU con respecto al voto a Chávez. Esto se ha reflejado en la política que ha debido llevar a cabo cuando se ha hablado de la reformulación de la LOCE, ya que esto implicaría los famosos 4/7 del senado, por ser una ley constitucional, y tendría pactarse un acuerdo con la derecha de acuerdo a las bases del binominal, que hoy hace que la derecha posea poco menos de la mitad de los escaños en el senado. Es así como Bachelet asegura que mantendrá la libertad de enseñanza así como el derecho a la educación. La Concertación, lo mismo. La UDI, que defenderá a ultranza la libertad de enseñanza (que no es más que libertad de empresa para el negocio de la educación) y que no modificaría la LOCE, salvo que... haya que modificarla. RN, lo mismo. Todos tratan de cambiar algo para que nada cambie.

Por el momento el fenómeno vital se encuentra en la recomposición de la organización de base frente a la política neoliberal, que ya comienza a dar sus frutos en otros sectores como en le paro de la salud que, aunque se diga que involucró un 2% o un 4% del total del servicio, marca una tendencia a la movilización en contra de las condiciones precarias en que la población es atendida o en que se encuentra la salud en nuestro país.
Se plantea así la reapertura de una situación transitoria en la vida política nacional, en la que se definirá en los próximos meses si avanza a desplegar nuevos y mayores fenómenos de la lucha de clases en la defensa de los derechos e intereses de la clase trabajadora, los estudiantes y los pobladores, o se re-estabiliza el régimen de la Concertación y la derecha, fortaleciendo nuevas mediaciones, haciéndose pasar falsamente como renovados amigos del pueblo. Y esto nuevo se comienza a ver en algunas de las conquistas principales que obtuvo el movimiento estudiantil en este proceso de lucha.

La conformación de un organismo y de lucha basado en los métodos de la democracia directa estudiantil, con delegados y voceros que debían hablar y actuar según lo discutido, resuelto y mandatado por sus asambleas o en caso contrario podían ser removidos, pusieron la crisis de la educación mercantilizada, en la agenda política nacional. Una vez más, no sólo del gobierno (con sus 36 medidas), también de la Concertación (que se desbandaba a un debate valórico), e incluso de la derecha (que reordenaba sus filas pero seguía ensimismada). Y que planteó un cuestionamiento, a través de uno de sus pilares, a las políticas neoliberales. Uno de sus mayores límites es que se mantuvo como una lucha de carácter corporativo. Y así, la decisión de la CUT, co-gobernada por el PC con el PS de Arturo Martínez, de sostener al gobierno de Bachelet, fue fácilmente justificada con el planteo de los secundarios que solo se haría el segundo paro solidarizando con las demandas estudiantiles.

Hoy estamos en presencia de la irrupción de una nueva generación. El despertar de una nueva generación a la vida política, en forma masiva, que se caracteriza con los inicios de una diferenciación de sectores hacia izquierda. El límite de esto, es que al tomar estas banderas rápidamente el Gobierno, sectores de la Concertación, y a medias y empujados en la derecha, se evitó una radicalización que decantara hacia izquierda sectores enteros del movimiento estudiantil. Comenzó así el desvío.

La lucha secundaria expresó una lucha contra uno de los efectos principales de las políticas neoliberales instauradas a sangre y fuego en la dictadura y conservadas y profundizadas por la Concertación: fue una lucha contra el negocio de la educación, contra las enormes desigualdades que ayuda a reproducir, contra la municipalización, la alianza Estado-empresarios de la educación vía los subsidios, la libertad de empresa denominada libertad de enseñanza, que son sus principales pilares consagrados en la LOCE.

Uno de los mayores límites, en términos amplios, es que no se avanzó a una unidad de los estudiantes, y también de los pobladores con sus luchas por la vivienda, agrupándose detrás de las fuerzas de la clase trabajadora. Pero se comienza a abrir una nueva dinámica, que vuelve a poner en la discusión nacional esta necesidad y posibilidad, y es en esta dirección que desde Las Armas de la Crítica denunciamos el fraude que significa el Consejo Asesor de la educación, su política de desvío, y llamamos a la preparación amplia de los estudiantes y los actores de la educación para luchar por un Congreso Nacional de Educación, y una Educación Nacional y Unificada al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre.

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